La relación entre el lenguaje y el pensamiento
Resumen:

En este comentario sobre el artículo-objetivo de Pardos (2017), ofrecemos primero una síntesis de su relato histórico para aclarar el problema que él identifica en cómo la psicología ha tratado el concepto de imagen y además aclarar la solución que ofrece. Luego discutimos dos simplificaciones que Pardos hace cuando trata de vincular la obra de J. B. Watson y de L. S. Vygotsky con el fin de aclarar la relación entre el lenguaje y el pensamiento. Por último, pretendemos aclarar la manera en que Vygotsky ofreció una visión materialista del pensamiento y su relación con el lenguaje y, al hacerlo, cuestionó la suposición de que las representaciones mentales son las unidades básicas de ambas funciones psicológicas.

  • Palabras clave:
  • imagen;
  • lenguaje;
  • pensamiento;
  • psicología cultural;
  • Vygotsky..
Abstract:

In this commentary on the target-article by Pardos (2017), we first offer a synthesis of his historical account in order to clarify the problem that he identifies as how psychology has treated the concept of image, and in addition to clarify the solution that he offers. Then we discuss two simplifications that Pardos makes when he seeks to link the work of J. B. Watson and L. S. Vygotsky in order to clarify the relationship between language and thought. Finally, we aim to clarify the way in which Vygotsky offered a materialist vision of thinking and its relationship with language, and in doing so questioned the assumption that mental representations are the basic units of these psychological functions.

  • Keywords:
  • cultural psychology;
  • image;
  • language;
  • thinking;
  • Vygotsky..
Historial:
  • » Recibido: 25/04/2017
  • » Revisado: 04/05/2017
  • » Aceptado: 08/05/2017
  • » Publición impresa: Jul-Dec 2017

1. Introducción

El trabajo de Pardos (2017), que es objeto del presente artículo-comentario, es una excelente oportunidad para reexaminar algunos de los presupuestos históricos y conceptuales alrededor de los cuales se ha ensamblado la psicología como una disciplina autónoma.

En primer lugar reconocemos la utilidad de una reconstrucción histórica que presta atención a aquellos pasajes, tal vez menos visitados, relacionados con las unidades de análisis que sirven para estructurar y comprender los procesos psicológicos propios de la especie humana. En consecuencia, estamos de acuerdo con el autor cuando señala que la asociación entre el concepto de imagen y las llamadas “representaciones visuales” ha desplazado a un segundo plano una acepción más general de imagen que incluye otro tipo de experiencias sensoriales que también pueden catalogarse como imágenes. En segundo lugar, las ideas que se presentan en el texto permiten examinar algunos de los presupuestos de la psicología cognitiva; de manera particular, vale la pena reconsiderar la relación entre las imágenes, el pensamiento y el lenguaje.

Como psicólogos culturales, nos proponemos examinar algunas de las implicaciones contenidas en la exposición del autor. De manera concreta, prestaremos atención a una de las suposiciones que subyace al texto de Pardos (2017), en el sentido de que el conocimiento que se tiene del mundo es posible gracias a las representaciones que tenemos de él.

Este comentario está dividido en tres partes. En la primera se hace una síntesis del recuento histórico, el problema y la solución que ofrece el autor a la manera como se ha concebido y utilizado la noción de imagen. En la segunda parte se hace referencia a dos simplificaciones en las que incurre Pardos (2017) al momento de conectar el trabajo de J. B. Watson (1878-1958) y el de L. S. Vygotsky (1896-1934) como una forma de resolver la relación entre el lenguaje y el pensamiento. En la tercera parte, y a partir de una referencia más granular a la obra de Vygotsky, se intenta reconstruir una visión materialista del pensamiento y su relación con el lenguaje. Finalmente, en la última parte se presenta una breve conclusión que recoge las ideas formuladas a la luz del proyecto que atraviesa la obra de Vygotsky y su relación con la propuesta de Pardos.

2. Primera parte: las imágenes en la psicología

La primera parte de este comentario tiene tres objetivos. El primero es presentar un resumen del contexto histórico del que se sirve el autor para mostrar cómo se ha empleado el concepto de imagen en la descripción de los procesos psicológicos. El segundo es formular el problema que se puede entrever a partir de dicho recuento histórico. Finalmente, se esbozará la solución que propone Pardos (2017) a dicho problema.

Pardos presenta en su artículo (2017) una versión particular de la historia de la psicología. Su propósito es mostrar la manera como el concepto de imagen ha sido utilizado para explicar cómo se desarrolla el pensamiento humano. La exposición, en consecuencia, inicia en la Grecia antigua con la obra de Aristóteles. Para el Estagirita las imágenes son los rastros o huellas que dejan los sentidos en la mente humana como una forma de representación del mundo. Así, la vista, el olfato, el gusto, la audición y el tacto son caminos distintos a través de los cuales se da sentido a la experiencia. Todos los sentidos son igualmente importantes y sus imágenes son los bloques constitutivos del pensamiento y de otros procesos psicológicos.

La siguiente parada en la exposición de Pardos hace referencia a los filósofos empiristas para quienes la noción de imagen fue particularmente útil, pues evocaba todos los contenidos mentales. De manera más concreta, esto quería decir que aquello a lo que se le da el nombre de idea es, en sí misma, una imagen, es decir “una impresión en ausencia del estímulo” (Pardos, 2017: 2. Imágenes); algo en lo que Hume (1984 [1739]) y Locke (2002 [1690]) coincidían. Las imágenes, por lo tanto, eran elementos polimodales que constituyen vida mental. En este contexto la mente se convierte en el escenario de donde emanaba la razón.

En la historia y en el desarrollo de la psicología como ciencia, a partir del final del siglo xix las imágenes también han ocupado un papel sustantivo. Francis Galton (1822-1911) y Gustav Fechner (1801-1887), por ejemplo, realizaron experimentos rudimentarios en los que las personas que participaban en la ejecución de tareas específicas podían evocar imágenes de tipo visual y de tipo verbal que les permitían mejorar su desempeño. Wundt (1831-1920) sería el primero en reconocer formalmente este hecho. Para este autor: “las imágenes constituyen la base estructural del pensamiento, pues se trata de representaciones de la realidad que constituyen la experiencia consciente” (Pardos, 2017: 1. Introducción ). Este punto de vista supone tener en cuenta “otro tipo de componentes que, stricto sensu, también han de ser considerados imágenes”. En el curso de sus investigaciones introspectivas, Wundt prestó especial atención a “la rememoración de impresiones sensoriales provenientes de [todos] los sentidos” (Pardos, 2017: 2. Imágenes [el agregado es de los autores]). Titchener (1867-1927), discípulo de Wundt, reiteraría esta idea al situar las imágenes junto a las sensaciones y sentimientos como constituyentes fundamentales de la mente. Las imágenes, en consecuencia, no sólo se relacionan con la rememoración de las sensaciones visuales, “sino [con] la evocación de todas y cada una de las cualidades de la experiencia sensorial” (Pardos, 2017: 2. Imágenes [el agregado es de los autores]).

Esta perspectiva, sin embargo, no fue acogida por todos los discípulos de Wundt. Oswald Külpe (1862-1915), orientador de la denominada Escuela de Würzburgo, señalaría poco después que en el pensamiento, “o alguna de sus manifestaciones, [es decir, los procesos de] asociación, juicio, tarea, etc. […] se observaban determinados fenómenos que no respondían a la naturaleza sensorial supuestamente necesaria para llevarlos a cabo” (Pardos, 2017:4. Imágenes y pensamiento [el agregado es de los autores]). Se empezó a hablar, entonces, de un “pensamiento sin imágenes”. Con esta expresión se reconoce que “hay procesos conscientes que no pueden ser descritos ni como imágenes definidas ni como actos de voluntad” (Pardos, 2017: 4. Imágenes y pensamiento). Se trata, entonces, de “estados mentales […] asimilables a energetizadores de la conducta o, lo que da igual, a fuerzas de naturaleza mental que podrían coexistir con las propias imágenes del pensamiento” (Pardos, 2017: 4. Imágenes y pensamiento). Estas posturas alistaban la ruta para el surgimiento del conductismo en sus distintas modalidades.

En el recuento de Pardos, el interés por las imágenes y su función constitutiva del pensamiento renacería con J. Piaget. Su clasificación de las imágenes “en función de su contenido (imágenes visuales, auditivas, etc.), o según su estructura […]” (Pardos, 2017: 2. Imágenes) le permitió reconocer y formular una serie de “operaciones intelectuales de aprehensión de la realidad” (Pardos, 2017: 3. Pensamiento) que explicaban el surgimiento y desarrollo del individuo. El pensamiento es una de esas operaciones y, allí, “la imagen constituye un auxiliar indispensable [para su funcionamiento]” (Piaget & Inhelder, 1972; Pardos, 2017: 3. Pensamiento [el agregado es de los autores]).

También la psicología cognitiva se interesaría por comprender la relación entre las imágenes y el pensamiento siguiendo una lógica particular que explica el funcionamiento de la mente de la mano de analogías provenientes de la ciencia computacional. Aquí, los procesos psicológicos son una “secuencia de actividades simbólicas e internas que llevan a ideas o conclusiones” (Pardos, 2017:3. Pensamiento). Hacer cosas como categorizar, razonar deductiva e inductivamente, solucionar problemas, juzgar, tomar decisiones e inventar son un conjunto de entidades abstractas “pero no menos reales que las materiales” (Pardos, 2017: 3. Pensamiento) en las que la mente computa sus propios “códigos y lenguajes, sus algoritmos y procesos, sus representaciones y estrategias” (Arnau & Balluerca, 1998, citados por Pardos, 2017: 3. Pensamiento). Para Anderson y Bower (1979):

[…] el problema más fundamental a que ha de hacer frente la psicología cognitiva hoy es cómo representar teóricamente el conocimiento que tiene una persona: cuáles son los símbolos primitivos o conceptos construidos en las estructuras de conocimiento más amplio y cómo se tiene acceso, se examina y se utiliza ese “fichero de información” (citados por Pardos, 2017:3. Pensamiento).

Para Pardos, su recuento histórico acerca de la función de las imágenes en la comprensión y estructuración del pensamiento contrasta profundamente con la manera como habitualmente se utilizan dichos conceptos en la psicología. El trabajo de Kosslyn en esta materia ofrece buenas pistas al respecto. Desde muy temprano la psicología plasmó “la tendencia a constreñir la imagen al estrecho cerco de lo visual” (Pardos, 2017: 1. Introducción).

Por ejemplo: la aproximación comprensiva que proponía Aristóteles se enfrentó en su momento a la de otros autores que privilegiaban el papel de las imágenes visuales en la constitución del pensamiento. Demócrito centraba su atención en la vista y las representaciones visuales como una serie de “simulacros de los objetos en cuyo flujo se constituía el pensamiento” (Pardos, 2017:1. Introducción). Epicuro, por su parte, señalaba que “las partículas que emanaban de los objetos penetran los ojos y luego el pensamiento”. Pardos justifica este interés en las imágenes visuales señalando que “la visión constituye un sentido privilegiado del ser humano en su interacción con el medio ambiente” (Pardos, 2017: 1. Introducción).

Esta idea es reforzada por la filología. El significado usual de la palabra “imagen” se ha convertido, por hábito, en la forma técnica de hablar de ciertos fenómenos en la psicología. El término imagen se deriva del latín imago: representación, retrato, que a su vez se deriva del verbo imitari, imitar; y del griego eikón: ícono, imagen, representación.

El artículo del Pardos, en consecuencia, intenta “recoger algunos aspectos cruciales del debate psicológico en torno a la participación de las imágenes en la articulación del pensamiento” (Pardos, 2017: 5. Conclusiones). El núcleo de su argumentación apunta a la necesidad de considerar las imágenes sonoras de los signos lingüísticos como “un constructo psicológico con existencia real y no […] simples epifenómenos” (Pardos, 2017: 5. Conclusiones). En síntesis: comprender la estrecha relación que existe entre el pensamiento y el lenguaje supone entender que existen otro tipo de imágenes diferentes a las representaciones visuales y, en consecuencia, es necesario prestar atención a una tradición histórica que conecta la vista y las imágenes visuales con la información proveniente de otros sentidos. ¿Qué se puede hacer?

Para resolver este problema, Pardos presta atención a dos nociones específicas. De una parte, invoca la “teoría del código dual” (Paivio, 1971) para señalar “la existencia de dos sistemas alternativos de almacenamiento de la información: [uno] analógico, en forma de imágenes pictóricas figurales, y [otro] proposicional de componentes lingüísticos” (Pardos, 2017: 2. Imágenes). Dentro de este contexto, el lenguaje está compuesto por “[…] grafemas y fonemas, símbolos figurales o símbolos sonoros generados para comunicarse que también pueden adquirir la cualidad de imágenes al ser mentalmente evocadas en la actividad privada intelectiva” (Pardos, 2017: 2. Imágenes). Reivindicar el papel constitutivo que tienen las imágenes sonoras es una forma de llamar la atención a la manera como los adherentes a la denominada ciencia cognitiva han privilegiado el estudio de las imágenes visuales para comprender los procesos mentales en general. Esta fijación, se reitera, impide comprender la conexión directa que hay entre el lenguaje y el pensamiento.

Por otro lado, Pardos hace una interpretación particular de la obra de Vygotsky, específicamente de la relación que existe entre el pensamiento y la palabra. Existe una distinción entre un lenguaje externo y un lenguaje interno: “el lenguaje externo es la conversión del pensamiento en palabras, su materialización y objetivación. En el lenguaje interior el proceso se invierte: el habla se transforma en pensamientos internos” (Pardos, 2017: 4. Imágenes y pensamiento). De la mano de esta idea se esboza una visión materialista del lenguaje, pues “aunque pensar no es lo mismo que hablar, comunicar o comprender el significado del mensaje, se puede decir que está muy próximo a serlo, construyendo un proceso que discurre en paralelo con el habla y su construcción interna” (Pardos, 2017: 4. Imágenes y pensamiento).

La exposición antecedente se desata en la siguiente manera: prestarle una mayor atención a los sonidos haría posible, en consecuencia, explicar más ampliamente “la participación de las imágenes [audibles] en la forma de materializarse el pensamiento conceptual ideativo” (Pardos, 2017:5. Conclusiones). Ahora bien: hablar del lenguaje y su materialidad puede ayudar a reconsiderar la naturaleza de la mente y de la conciencia. Cada uno de los puntos se abordará en las siguientes páginas.

3. El lenguaje como un fenómeno material: la relación entre el habla interior, la forma interior del lenguaje y la conciencia

Como se acaba de señalar, las consideraciones planteadas por Pardos (2017) condensan una crítica a la tradición de la filosofía y la psicología que niega la importancia de las imágenes sonoras y les brinda una mayor jerarquía a las imágenes visuales dentro del pensamiento. Pardos señala, entonces, que para entender el modo en que los sonidos contribuyen a la formación del pensamiento es necesario acercarse a las contribuciones de la lingüística y la psicolingüística a la comprensión de los procesos psicológicos. Para lograr este cometido el autor contrasta la obra de Watson con la de Vygotstky. Al hacerlo, sin embargo, incurre en dos simplificaciones de las que se debe tomar nota.

En primer lugar, Pardos expone la posición teórica de Watson (1919) respecto al “habla interior”. El habla interior fue entendida por Watson como habla subvocal, es decir, como una conducta verbal que no se llega a completar porque se inhibe el proceso motor del habla. Vygotsky (2001 [1962]) criticó esta visión del habla interior porque supone que existe un proceso inválido de evolución mecánica que parte del habla exterior, al susurro y a la posterior habla interna. En palabras de Vygotsky (2001 [1962]):

Watson identifica el pensamiento con el lenguaje interno [...] sabemos en general sobre el desarrollo del lenguaje infantil [...] que el mismo planteamiento de la cuestión por parte de Watson es absolutamente erróneo. No hay razones válidas para admitir que el lenguaje interno se desarrolle de un modo mecánico, mediante la reducción progresiva de la sonoridad del habla. La transición del lenguaje externo (abierto) al interno (encubierto) no tiene por qué producirse a través del susurro, del habla que queda (p. 106).

Vygotsky (2001 [1962]) critica, así, el supuesto de que el habla interior pueda ser explicada con base en una inhibición progresiva del habla, y, además, la hipótesis según la cual el pensamiento y el lenguaje son procesos indiferenciables. Para el psicólogo soviético tanto el pensamiento como el lenguaje son funciones psicológicas análogas que se relacionan durante el desarrollo psicológico. No son funciones unívocas porque tienen raíces genéticas diferentes.

Así, Vygotsky explica el habla interna como una función del lenguaje que se desarrolla por medio de la interiorización del uso social del habla. En palabras de Vygotsky (2001 [1962]):

[M]ás notable en este sentido es que entre las operaciones externas e internas existe en este caso una integración constante, las operaciones pasan continuamente de una forma a otra [...] En estos casos, no existen de hecho límites metafísicos bruscos entre el comportamiento externo e interno, el uno se transforma fácilmente en el otro, uno se desarrolla bajo la influencia del otro (pp. 109 y 110).

Así la distinción entre el habla interna y la externa es dada por una diferenciación de los tipos de funciones del uso del lenguaje. Su interiorización es un proceso dialógico en el que el uso social del lenguaje pasa a dirigir la propia conducta. El habla interior sólo es el uso del habla con uno mismo y por lo tanto tiene su origen en la práctica social de las palabras (Vygotsky, 2001 [1962]). Pardos (2017) señala correctamente que la palabra es el sustrato material del pensamiento y que debe ser estudiada por medio de un análisis genético, pero no ejecuta suficientes precisiones respecto al habla interior entre Watson y Vygotsky. Esta postura puede llevar al lector a creer que son idénticas las dos posiciones teóricas.

El segundo punto en el que el artículo de Pardos (2017) puede dar lugar a confusión se relaciona con el modo en que establece las diferencias entre la teoría del lenguaje de Vygotsky y de Watson. Vygotsky (2013), en su conferencia titulada “Los métodos de investigación reflexológicos y psicológicos”, de 1924, aborda el problema de la mediación del lenguaje como un sistema de estímulos de segundo orden. Sin embargo, la idea más importante que defendió en dicho texto se basaba en el hecho de que el papel más importante del lenguaje no es de carácter mediacional sino semántico. En síntesis: como una poderosa herramienta de la conciencia, el lenguaje constituye la realidad (no es un simple mediador entre la realidad y el sujeto). Watson (1919), por su parte, negó el problema de la conciencia como objeto de estudio válido de la psicología debido a que para el conductismo metodológico la relación de los estímulos condicionados con las respuestas conductuales debía ser el centro de la investigación en psicología.

En el artículo de Pardos (2017) no se pueden apreciar de modo conciso estas diferencias en la concepción de la naturaleza del lenguaje para Watson y para Vygotsky. Además, no se incluyen precisiones particularmente importantes sobre el momento de la obra de Vygotsky a la que se hace referencia. Es importante no perder de vista que el psicólogo soviético critica en sus investigaciones posteriores algunas de sus primeras consideraciones sobre el lenguaje como un estímulo de segundo orden. La posición que Vygotsky sostuvo al respecto, se reitera, va más allá del papel mediador de la palabra o el signo. En Pensamiento y lenguaje, por ejemplo, Vygotsky (2001 [1962]) argumenta que el método de investigación apropiado para la psicología debía basarse en el estudio de unidades complejas y no en elementos aislados.

En efecto: la unidad de análisis que propuso Vygotsky es la forma interior del lenguaje donde están contenidas las características holísticas de la actividad de la conciencia. Hacer referencia a la conciencia permite, en consecuencia, estudiar las funciones psicológicas sin dividirlas en elementos separados. Para el psicólogo soviético el lenguaje es un sistema semántico dinámico en que se unen los procesos afectivos e intelectivos (Vygotsky, 1962/2001).

De esta manera la forma interior del lenguaje contiene una perspectiva más compleja que las consideradas previamente basadas en la teoría de los estímulos de segundo orden de Watson. A manera de síntesis se puede decir que para Vygotsky (2001 [1962]) las palabras (y el lenguaje): i) no son sólo mediadoras entre el signo y el objeto, y ii) están compuestas por un aspecto social y por el uso concreto que le dan los hablantes a través de la interacción. El lenguaje, por lo tanto, tiene un sentido donde las cualidades de las palabras se dan con base en el contexto comunicativo y la intención del hablante. Por lo tanto, las palabras tienen su origen en las prácticas culturales e históricas, en una dialéctica entre los individuos y la cultura y no en esencias a priori.

Pardos (2017), por su parte, parece que toma los signos sólo como un soporte del flujo del pensamiento que unifica la comunicación y el uso privado del lenguaje. Su argumento parece centrarse en que las palabras son sólo el soporte social del pensamiento que permiten efectuar funciones intelectivas.

Así, Pardos (2017) explica:

El pensamiento así concebido, estaría construido a partir de un flujo de ideas lingüísticamente soportadas mediante signos o símbolos del habla sin los que no se podría articular la actividad intelectiva. Más explícitamente, las palabras, en su formato de imagen mental, en tanto que símbolos gráficos o sonoros, serían los objetos computados en la actividad ideativa (4. Imágenes y pensamiento).

En conclusión, si observamos la interpretación que hace Pardos (2017), no son explícitas la diferencias entre la mediación de la palabra con el lenguaje interior y, por otro lado, de la naturaleza del lenguaje entre la concepción de Watson y Vygotsky. Vygotsky (2001 [1962]) consideraba que el lenguaje es un fenómeno complejo que permitiría estudiar la actividad de la conciencia holísticamente, mientras que para Watson (1919) la conciencia no es un objeto de investigación científica y el lenguaje se caracteriza como un estímulo de enorme complejidad.

4. Reconstrucción de la relación entre el lenguaje y el pensamiento

En la sección anterior se hizo referencia a lo que se catalogó como “dos simplificaciones” en la conexión que propone Pardos (2017) entre la obra de Watson y la de Vygotsky. En este apartado se reconstruye la relación entre el lenguaje y el pensamiento a partir de una revisión más granular a la obra de Vygotsky que permita, precisamente, superar tales simplificaciones.

Pardos argumenta que para comprender la naturaleza del pensamiento debemos enfocarnos en la materialidad del lenguaje. En su opinión, esto equivale a prestar atención al papel de las imágenes acústicas. Estamos de acuerdo con la primera parte de este argumento, pero no con la segunda. La segunda parte asume una cierta conceptualización de la materialidad del lenguaje. A nuestro juicio, sería un error suponer que el relato conductista de Watson sobre el lenguaje se parece al relato de Vygotsky, que llamaremos un relato cultural.

Indudablemente la tarea de comprender la concepción materialista del lenguaje de Vygotsky no es fácil. Los aspectos clave de su conceptualización parecen haberse perdido desde el tiempo en que los escribió. Por ejemplo, para Vygotsky un concepto clave para entender el lenguaje era su "forma interior". Éste era un concepto que había sido propuesto por Wilhelm von Humboldt (1767-1835), pero fue interpretado por Vygotsky de una manera específica.

La interpretación de que el lenguaje, o mejor dicho el habla, tiene una "forma interna" se encuentra en las primeras obras de Vygotsky, como La psicología del arte (1975 [1970]), así como sus últimas obras, como Pensamiento y lenguaje (2001 [1962]). Esto evidencia la importancia continua de dicho concepto en sus investigaciones y conceptualizaciones del papel del lenguaje en el desarrollo de los niños y en el funcionamiento psicológico, en particular el pensamiento. Sin embargo, el concepto de "forma interna" se desarrolló y cambió en su escritura.

Podría parecer que una explicación materialista del lenguaje significaría inevitablemente centrarse en su instanciación como sonido o texto. Pero en el análisis de Vygotsky ésta es sólo la "forma externa" del lenguaje. El lenguaje, hablado o escrito, tiene una "forma interna”. Esta forma interna (o "aspecto interno”) era para Vygotsky un aspecto importante del significado lingüístico.

En la década de 1920 el concepto de una "forma interna" de la palabra estaba siendo utilizado en una variedad de maneras diferentes (Leopold, 1929). Humboldt (1991), Potebnia (1989 [1926]), Shpet (1996 [1927]) y otros enfatizaron el concepto. De hecho, el concepto de forma interna tiene una larga historia en filología (uno de los temas que Vygotsky estudió en la universidad). Dilthey (1945 [1894]) había remontado el concepto a Aristóteles, quien en la Poética escribió sobre la estructura interna de la tragedia, un análisis que Vygotsky habría conocido bien.

La preocupación de Vygotsky, al igual que de estos otros autores, era la manera en que se podría decir que el lenguaje "daba forma" a la percepción y a la concepción: cómo experimentamos el mundo y cómo pensamos sobre el mundo. Humboldt (1991) había escrito De Innere Sprachform como la manera en que un lenguaje moldea tanto la percepción como las concepciones de sus hablantes. El tratamiento de Humboldt fue neo-kantiano. Al igual que I. Kant (1724-1804), estaba interesado en la manera en que la mente organiza activamente los datos sensoriales de la experiencia, imponiéndoles "formas" o "categorías". Para Kant, estas formas eran innatas y universales. Piaget más tarde propondría que las formas de espacio, tiempo, causalidad y objeto son esenciales para la experiencia humana, pero en lugar de ser innatas son "construidas" por el niño durante los dos primeros años de vida.

Kant (2009) había localizado estas formas en una "subjetividad trascendental"; Humboldt, en cambio, las situaba en el medio público e intersubjetivo del lenguaje. De manera similar, al insistir en que el lenguaje tiene una forma interna, Vygotsky estaba rompiendo con el kantianismo. Al insistir, además, en que la forma interior se modifica por la actividad práctica de los hablantes de una comunidad, rompe con el neokantismo para ofrecer una perspectiva marxista (y, por lo tanto, materialista) sobre los fenómenos del lenguaje, el habla y el pensamiento.

El primer uso de Vygotsky del concepto de forma interna fue en Psicología del arte (1975 [1970]). Allí citó a Potebnia, ofreciendo el ejemplo de una estatua de mármol (forma exterior) de una mujer con una espada y una balanza (forma interna) que representa la justicia (contenido). Aquí la forma externa es el mármol; el contenido o "idea" es la justicia. No obstante, lo más importante es que la estatua ofrece la imagen de una mujer con espada y escalas como una forma interna que puede estructurar nuestra percepción y concepción de la idea. La forma interna sugiere cuidado (una mujer), imparcialidad (ella tiene los ojos vendados) y equidad (la balanza en sus manos). Éste es, pues, el carácter de una obra de arte: ofrece una forma interior que "da a nuestro pensamiento una dirección diferente", como lo expresó Potebnia.

Incluso en este primer libro Vygotsky propuso que el lenguaje funciona de la misma manera. El sonido de una palabra es su forma externa, su significado es su contenido, pero también tiene una forma interna que se debe a sus raíces etimológicas. Por ejemplo, la palabra rusa para "ratón" también significaba "ladrón". Fue como resultado de la forma interna que los sonidos adquirieron el significado de "ratón".

En este sentido, entonces, una palabra es una obra de arte. De hecho, los niños ven las palabras como los adultos ven una obra de arte. En Pensamiento y lenguaje, Vygotsky emprende una investigación del carácter evolutivo de la relación entre estas dos funciones psicológicas durante la ontogénesis. Sostiene que pensar y hablar siguen caminos ontogenéticos diferentes, pero que se cruzan. El punto en el que se encuentran es la forma interior.

En el desarrollo del niño, como en la etimología, las primeras palabras se sustentan en una "imagen": son obras de arte. El niño que dice sus primeras palabras las está utilizando para relacionarse con los objetos de una manera cualitativamente nueva: los percibe de una manera nueva y piensa en ellos de una manera nueva. Con el tiempo, sin embargo, la forma interna se desarrolla. En última instancia, las palabras se sustentan no por imágenes sino por conceptos. Los conceptos también dan dirección a nuestras percepciones y a nuestras concepciones, pero de una manera mucho más sofisticada.

Durante Pensamiento y lenguaje, además, como Pardos (2017) ha señalado, Vygotsky describe cómo el habla se convierte en "interior", y cómo al hacerlo proporciona una nueva forma de pensar para el niño. Este "pensamiento verbal" equivale a que el niño domine los medios sociales de pensar.

No hay espacio aquí para explorar con más detalle el análisis que Vygotsky ofrece en Pensamiento y lenguaje. Basta con mencionar la última frase del libro. En el capítulo final Vygotsky ha estado explorando lo que se puede llamar la "microgénesis" del habla: cómo un pensamiento se convierte en la base del habla. Vygotsky escribe que "la palabra significativa es un microcosmos de la conciencia humana". Aquí, sorprendentemente y de manera importante, el término de Vygotsky para "palabra significativa" es Осмысленное слово, mientras que durante todo el libro el término generalmente traducido como "significado de la palabra" ha sido "значений слов" (Осмысленное sólo ocurre cinco veces en todo el libro). Aquí Vygotsky no está escribiendo sobre el significado objetivo de las palabras, sino sobre el "sentido" personal, motivado y relacionado con la acción que una palabra tiene cuando alguien lo habla. A medida que el pensamiento se mueve hacia afuera del habla, en la "materialización y objetivación" de un pensamiento, el sentido tiene que ser "reconstituido" en palabras. “Las unidades básicas del pensamiento y las del habla no coinciden", y por ello esto requiere una reorganización estructural, un proceso creativo que no es simplemente una cuestión de alinear las unidades de significado ya hechas. Y el sentido de una palabra, junto con el hecho de que el sentido y el significado no son idénticos, se ha hecho posible porque cada palabra tiene una forma interna.

5. A manera de conclusión: la contribución de Vygotsky a la comprensión de la relación entre el lenguaje y el pensamiento

En los escritos de Vygotsky encontramos a un psicólogo que se ocupa precisamente de la cuestión que Pardos (2017) ha explorado en su interesante artículo: la naturaleza del pensamiento humano y el papel del lenguaje en el pensamiento y el razonamiento. Sin embargo, para Vygotsky esta pregunta formaba parte de un nuevo tipo de psicología que escaparía de los dualismos ontológicos que han causado tantos problemas a nuestra disciplina. En lugar de la suposición de que la mente y el mundo son dos tipos distintos de entidad, tal que la mente sólo puede conocer el mundo mediante la formación de representaciones mentales, Vygotsky propuso que la conciencia humana es un aspecto de nuestra forma de vivir en el mundo. Además, la conciencia se desarrolla. En este proceso el descubrimiento y adquisición del lenguaje desempeñan un papel central. Además, el lenguaje es un artefacto material, pero esto no significa que consiste sólo en sonidos; y cuando el lenguaje entra y transforma la conciencia, lo hace no sólo con imágenes de sonidos.

Ésta es, a nuestro juicio, una base importante y radicalmente diferente para la psicología. Desafía los supuestos básicos de la psicología cognitiva, no sólo su enfoque en las imágenes visuales, sino también su asunción incuestionable de que las representaciones mentales (ya sean abstractas o concretas) son los pilares del conocimiento y del pensamiento. En su lugar -y al igual que las corrientes relacionadas de la investigación contemporánea que ponen de relieve el carácter incorporado y encarnado del funcionamiento psicológico humano- fundamenta las funciones psicológicas en el hecho que los seres humanos somos animales cuya existencia se entrelaza esencialmente con el mundo material en el que vivimos.

Referencias
  1. Dilthey, W. (1945). Ideas acerca de una psicología descriptiva y analítica. En W. Dilthey, Psicología y teoría del conocimiento (pp. 223-328). México: Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1894).
  2. Hume, D. (1984). Tratado de la naturaleza humana. (Ed. & Trad.: F. Duque). Madrid: Orbis. (Trabajo original publicado en 1739).
  3. Humboldt, W. F. (1991). Escritos sobre el lenguaje (Trad.: A. Sánchez Pascual). Barcelona: Península.
  4. Kant, I. (2009). Crítica de la razón pura (Trad.: M. Caimi). Argentina: Ediciones Colihue.
  5. Leopold, W. (1929). Inner form. Language: Journal of the Linguistic Society of America, 5(4), 254-260.
  6. Locke, J. (2002). Ensayo sobre el entendimiento humano (Trad.: L. Rodríguez). Barcelona: Folio. (Trabajo original publicado en 1690).
  7. Paivio, A. (1971). Imagery and verbal processes. Nueva York, NY: Holt, Rinehart & Winston.
  8. Pardos, A. (2017). Las imágenes en el pensamiento. Revista Mexicana de Investigación en Psicología, 9(2), 87-102.
  9. Piaget, J., & Inhelder, B. (1972). Memoria e inteligencia (Trad.: M. Cheret). Buenos Aires: Ateneo. (Trabajo original publicado en 1966).
  10. Potebnia, A. A. (1989). Thought and language. [Mysl' i yazyk]. Kiev: Ukrainian State Press. (Trabajo original publicado en 1926).
  11. Shpet, G. G. (1996). The inner form. [Vnutrennyaya forma slova]. St. Petersburg, Rusia: Aletheia. (Trabajo original publicado en 1927),
  12. Vygotsky, L. S. (1975). Psicología del arte. (Trad.: V. Imbert). Barcelona: Barral. (Trabajo original publicado en 1970).
  13. _____ (2001). Pensamiento y lenguaje (Trad.: J. M. Bravo). En Obras escogidas Tomo II Problemas de psicología general (pp. 11-287). Madrid: Machado. (Trabajo original publicado en 1962).
  14. _____ (2013). El método de investigación reflexológica y psicológica. En Obras escogidas Tomo I: El significado histórico de la crisis de la psicología (pp. 87-104). Madrid: Machado.
  15. Watson, J. B. (1919). Psychology: From the standpoint of a behaviorist. Philadelphia: Lippincott.
Licencia:

Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons

ver los permisos de esta licencia

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


Copyright (c) 2017 Juan Camilo López Medina, Juan Sebastián Sánchez Ávila, Adriana Marcela Giraldo Villa, Martin John Packer

URL de la licencia: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

ISSN: 2007-0926 (impresa)

ISSN: 2007-3240 (digital)